martes, septiembre 29, 2020
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Lagarta peluda, la enemiga de los alcornocales

A estas alturas muchos de nuestros vecinos conocen a esta oruga de nombre científico Lymantra dispar, y su efecto negativo sobre nuestro entorno natural.

La Lymantria dispar es un lepidóptero de la familia Erebidae originaria de Europa y Asia y que fue introducida en América años más tarde. Tiene un ciclo vital que consta de 3 etapas: estadío larva, pupa y mariposa. La hembra realiza la puesta entre finales de julio y principios de septiembre, y no eclosionarán hasta aproximadamente abril del año siguiente. Las orugas viven unos dos meses y sufren entre 4 y 5 mudas.


La velocidad con la que pasan de una etapa a otra de su estado larvario suele ser de 10 días y depende de las condiciones climáticas, que de ser favorables, se pueden reducir a la mitad. A final de su estado larvario, a comienzos de junio, formarán una crisálida donde se producirá su metamorfosis a su estadío final de mariposa. Estas mariposas pueden viven unos 5 días, se aparean, realizan la nueva puesta y mueren. En el estadio de mariposa podemos distinguir fácilmente al macho y a la hembra (de ahí su nombre dispar) por el color de sus alas, siendo las de los machos de color negro y las de las hembras de color blanco.

¿Dónde radica el peligro de ésta especie a nuestro entorno?
En su alimentación. Mientras L.dispar se encuentra en el estadío de larva, se alimenta de las hojas y brotes frescos de los árboles de la familia Quercus. Nuestro parque natural, toma prestado su nombre del alcornoque (quercus suber), que ocupa toda la extensión del parque y siendo el árbol más abundante del paisaje barreño. Como hemos dicho anteriormente, las larvas se alimentan de hojas y yemas de los árboles de la familia Quercus y en nuestro entorno, L.dispar se encuentra con todo un buffet libre. Al alimentar de las hojas, puede reducir el crecimiento de los árboles, llegando incluso a impedir totalmente la producción de fruto. Si a esto le sumamos además otros factores, puede hacer desaparecer a una gran cantidad de árboles.

¿Por qué debemos preocuparnos ahora de la aparición de éste insecto si antes nunca ha supuesto un problema mayor?
Porque nuestros alcornoques y encinas nunca se habían enfrentado a tantos problemas a la vez. Nuestro bosque aparenta estar sano, con una masa arbórea compuesta por alcornoques de gran porte, pero no nos encontramos con árboles jóvenes, ni plántulas… si atamos clavos, podemos deducir que todos los árboles tienen aproximadamente la misma edad, lo que supone un problema, ya que llegará el día que estos árboles mueran, y cuando lo hagan, lo harán todos en un periodo de tiempo más o menos breve.


Esto es solo uno de los problemas a los que se enfrenta nuestro parque, al que hay que sumarle que la ausencia de grandes depredadores como el lobo (canis lupus) o el lince (lynx pardinus), ha provocado una sobrepoblación de ungulados como el ciervo (cervus elaphus), el corzo (capreolus capreolus garganta) y la cabra montesa (capra pirenaica) y de jabalís (sus scrofa) que impiden el desarrollo de nuevos alcornoques debido a que las bellotas y los alcornoques jóvenes suponen un alimento de fácil acceso para ellos. Sumémosle también el cambio climático, que está afectando seriamente a las reservas de agua de las que disponen estas plantas, cuyas raíces llegan hasta el nivel freático (capa de suelo donde encontramos aguas subterráneas).

El descorche, aunque no sea muy perjudicial para la salud de los alcornoques, también reduce su vida, ya que produce en el alcornoque una extensa herida que afecta a la producción de corcho del propio alcornoque, su producción de madera y a su estado fitosanitario.

No podemos olvidar tampoco a otro de los problemas más escuchados últimamente para nuestros bosques, la seca del alcornoque, un conjunto de hongos (phytophthora cinnamomi pythium spiculum) que provocan la podredumbre del sistema radical de estos árboles impidiendo así que tomen agua. Gracias a nuestra situación geográfica, la seca no ha afectado tan severamente a nuestros alcornoques como en Huelva y Portugal, siendo mortales para los árboles más longevos o enfermos por otras causas.

Si a todo esto, le añadimos sucesivas plagas anuales de lagarta peluda, nos encontramos ante un serio problema que, de no provocar la muerte de muchos ejemplares, sin duda los deja en una situación muy comprometida.

¿A qué pueden deberse estas plagas?
Una de las causas probablemente sea el cambio climático, que en caso de provocar condiciones favorables, puede acelerar el ciclo vital de las orugas o al descenso de la población de sus depredadores naturales.

Nuestro parque está afectado por muchos problemas medioambientales, que de agravarse, pueden producirnos pérdidas económicas importantes, ya que el 70% de la superficie del término municipal barreño forma parte del parque y el corcho es un bien muy demandado a nivel mundial, lo que nos obliga a cuidar nuestro entorno más que nunca y estar muy atentos para acogernos a cualquier tipo de ayuda o subvención que contribuya a cuidar nuestros bosques y parajes naturales.

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